Suspender los derechos de propiedad intelectual y socializar la transferencia de tecnologías

La administración del presidente Biden se pronunció en respaldo a la renuncia temporal de las protecciones de protección industrial para las vacunas contra el coronavirus. La decisión representa un alineamiento con las distintas expresiones de reclamos en destinos países y organismos multilaterales para impulsar una producción más equitativa para los países en desarrollo, en un contexto de un agudo debate sobre el acceso igualitario a la inmunización.

La iniciativa de renunciar en forma temporal a los derechos de propiedad intelectual de las vacunas contra el COVID 19, es liderada por Sudáfrica y la India en la OMC, al plantear aspectos vinculados al comercio y específicamente las denominadas ADPIC.

Ante los hechos, miembros de la Organización Mundial de Comercio se reunían el viernes para abordar el inesperado giro norteamericano, mientras ciudadanos estadounidenses, del Reino Unido, la Unión Europea, Canadá y los países ricos recibían las inoculaciones en forma regular, simultáneamente cientos de miles de personas estaban muriendo en la India, a pesar de que ese país es quién produce el 60 % de las vacunas existentes en el mundo.

La pandemia dejó al descubierto la flagrante desigualdad en el acceso a las vacunas, porque si bien en un comienzo los líderes de los países se habían pronunciado a favor de la cooperación y la solidaridad, esa retórica flamígera quedó de lado cuando los gobiernos de los países impulsaron dar prioridad a acaparar y acumular de dosis, en cantidades superiores a sus propias necesidades con la adopción de severos controles a las exportaciones, como estrategias para retener la producción en sus países.

Estos mismos países son los que ahora están reaccionando y planteando su rechazo a estas iniciativas. Se resisten argumentado que las llamadas flexibilidades existentes en las reglas de la OMC serán suficientes para que los países más pobres hagan sus propias versiones ,advirtiendo que la protección de las patentes era un acto de seguridad, tal cual lo expresara la canciller alemana, Merkel, inmediatamente después de la comunicación de los EE. UU. Sin embargo, la propiedad intelectual es la causa fundamental por la que no se han podido tomar medidas para la producción de vacunas, y representa una verdadera barrera a pesar de los intentos de enfrentar las consecuencias de una pandemia que se extiende, con una inusitada variedad de cepas más varias agresivas y resistentes, sobre los países más pobres y especialmente en América Latina que es la región más afectada del planeta. Las estadísticas nos muestran la inequidad, mientras que uno de cada cuatro ciudadanos de las naciones ricas se ha vacunado, solo una de cada 500 personas de los países más pobres la ha recibido.

Las compañías farmacéuticas proyectan obtener cerca de $ 40 mil millones en ventas de vacunas Covid-19 en el corriente año y en prácticas reñidas con la moral y la extorsión, los argentinos hemos conocido la forma en que Pfizer "intimida" a los gobiernos latinoamericanos en las negociaciones para las vacunas, exigiendo que pongan activos soberanos en garantía contra cualquier demanda civil por si se presentaran efectos secundarios negativos. Sin duda esta propuesta facilitaría la transferencia de tecnologías que permitirían que fabricantes de todo el mundo produjeran con rapidez y de forma asequible productos médicos relacionados con la COVID-19. Por esta razón es indispensable, para proteger el derecho a la salud. Los derechos de propiedad intelectual no deben prevalecer sobre las obligaciones de los Estados de proteger y cumplir el derecho a la salud.

Ese llamado “nacionalismo de suministro y vacunas” no hará más que empeorar la situación, porque los países de ingresos bajos y medianos tendrán que dedicar más recursos a la obtención de los diversos productos, lo que generará más deuda y reducirá aún más el espacio fiscal para las medidas y políticas para las necesidades agudas en salud, alimentación y seguridad social, todos elementos cruciales para abordar la situación de cada país y nuestra región.

El nivel de cinismo y tergiversación llegó a que los fabricantes de vacunas argumenten estos días en los pasillos de la Casa Blanca que la exención de propiedad intelectual podría entregar tecnología a China y Rusia, que les otorgara la posibilidad de avanzar en la lucha contra el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, dice el Financial Times, como si esto no fuera positivo para la humanidad. La tragedia y el tiempo que vivimos nos invita a reflexionar y pensar en las recientes palabras del Papa Francisco que dijo: “…No puedo ponerme a mí mismo por delante de los demás, colocando las leyes del mercado y de las patentes por encima de las leyes del amor y de la salud de la humanidad!”.

Alvaro Fontana